Buenos Aires, una ciudad que respira vida, se viste de colores cada primavera. La floración de los árboles, un espectáculo natural que llena de belleza las calles, plazas y parques, es una tradición que se renueva año tras año.
Más allá del calendario, la floración del lapacho marca la llegada oficial de la primavera en la Ciudad. Sus flores rosas, junto a las rojas del ceibo -la Flor Nacional Argentina-, amarillas las de las tipas, y las famosas violetas del jacarandá, pintan un panorama vibrante. Las rosas y blancas del palo borracho completan la paleta de colores, creando una explosión de belleza en el paisaje urbano.
Cada especie tiene su ritmo. En septiembre, el lapacho se luce con sus flores rosas; en octubre, el ceibo despliega su rojo intenso; en diciembre, las tipas y el jacarandá llenan la ciudad de un amarillo vibrante y un violeta intenso, respectivamente. Y a lo largo del año, en diferentes momentos, el palo borracho, con sus flores rosas, regala un toque de color al paisaje.
Un Calendario que se Modifica
Sin embargo, este calendario natural ha comenzado a verse afectado por el cambio climático. La sequía histórica que azotó Argentina entre 2022 y principios de 2023, seguida por las condiciones de El Niño, ha modificado el ritmo de la floración.
La Secretaría de Atención Ciudadana y Gestión Comunal de la Ciudad ha observado la pérdida de regularidad en la fecha de floración de las principales especies, especialmente en el caso del jacarandá. La primera semana de noviembre era la época dorada de su floración, pero en los últimos años se han registrado tanto adelantos como retrasos.
La doctora en Ciencias Agrarias, Milena Manzur, explica que las plantas poseen receptores que les indican los cambios en la luz y la temperatura, y “acumulan” temperatura para pasar de su estado vegetativo a su estado reproductivo, es decir, con flores.
Las temperaturas promedio en aumento pueden generar una percepción en las plantas de que las condiciones óptimas se aproximan, lo que las induce a florecer. Sin embargo, si las temperaturas caen abruptamente, las estructuras reproductivas se pierden.
Factores que Inciden en la Floración
En 2015, la “chinche de encaje” le jugó una mala pasada al jacarandá. Este insecto se alimentó del tallo de las hojas, retrasando la floración. Las temperaturas elevadas podrían haber generado condiciones favorables para la reproducción de la plaga, que se reproduce más rápidamente en climas secos y cálidos.
La paleta de colores de la primavera porteña no se limita a las flores. El otoño también contribuye a la belleza del paisaje urbano. Durante el reposo del equinoccio, los árboles se visten de colores rojos, naranjas, amarillos, ocres y marrones. Fresnos, plátanos, tilos, crespones, álamos y otras especies menos conocidas, como el roble de los pantanos, el arce tridente o el ciprés calvo, son alcanzados por la senescencia foliar, el proceso de degradación cíclico y natural.
Un Recorrido por el Arbolado Porteño
Para descubrir la ubicación de estas especies, la web arboladourbano.com ofrece un mapa interactivo que permite visualizar la concentración de árboles de determinadas especies en la Ciudad de Buenos Aires, y también en otras ciudades como La Plata, Rosario y Montevideo.
Esta herramienta, desarrollada por Martín Simonyan, permite explorar lugares emblemáticos como el famoso túnel de tipas de la Plaza Florencio Sánchez, la alineación de jacarandás de Plaza Intendente Seeber o la de gingko biloba en calle Junín, sobre uno de los límites del cementerio de la Recoleta.
Y, por supuesto, no podemos olvidar el “lapacho de Ezcurra”, un ejemplar histórico ubicado en Figueroa Alcorta y Ramón Mariscal Castilla. Bautizado por el escritor e historiador Félix Luna, fue plantado por el paisajista Martín Ezcurra entre los años 30 y 40.
Su hija, Diana, recuerda que a su padre le encantaban los lapachos, especialmente los del norte del país, que se adaptaron maravillosamente a la Ciudad. También plantó palos borrachos en Plaza San Martín (Retiro) y lapachos en los jardines de la Embajada Británica, el Hospital Rivadavia y el Yacht Club de San Fernando. Le gustaba plantar grupos de seis o siete árboles para que se protegieran del frío y las inclemencias del tiempo.
El Vivero de la Ciudad
Buenos Aires cuenta con un vivero propio donde se cultivan y se reproducen muchas de las especies que luego se plantan en la vía pública, en plazas y parques. En el Día de la Primavera, el vivero estará abierto a la comunidad, con visitas y actividades libres y gratuitas. Se encuentra ubicado en el Parque Avellaneda, en Avenida Directorio 4250, de 10 a 1
La primavera en Buenos Aires es una explosión de colores, un espectáculo que llena la ciudad de vida y belleza. Los árboles, con sus flores vibrantes, son los protagonistas de este desfile natural que nos invita a disfrutar de la naturaleza en su máximo esplendor.
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