En 1843, a orillas de la bahía de Gaspé en Quebec, Canadá, se encontraron fósiles que parecían grandes troncos de árboles petrificados. Sin embargo, no fue hasta 16 años después que el paleontólogo John William Dawson publicó la primera investigación sobre estos extraños especímenes.
Dawson los describió como coníferas gigantes parcialmente podridas, con restos de hongos que las descomponían, y los denominó Prototaxites (que significa algo así como primer tejo).
La naturaleza de estos fósiles generó debate durante décadas. Algunos investigadores sugirieron que se trataba de algas marinas gigantes, mientras que otros apuntaban a la hipótesis de que eran hongos.
En 2001, tras 20 años de investigación, Francis Hueber, investigador del Museo de Historia Natural de Washington, llegó a la conclusión de que los Prototaxites eran, en efecto, hongos.
Estos hongos habitaron la Tierra desde el Silúrico hasta el Devónico Superior, hace aproximadamente entre 470 y 360 millones de años, cuando todavía no existían los árboles. Los Prototaxites formaban estructuras en forma de tronco, pequeñas o grandes, que podían alcanzar los 8,8 metros de largo y hasta 1 metro de ancho.
Estaban formados por tubos entrelazados de unos 50 micrómetros de diámetro, lo que los convertía en el mayor organismo terrestre de su época.
No se sabe con certeza si crecían en horizontal o en vertical, aunque la mayoría de los estudiosos apuestan por una similitud con los troncos de los árboles. La extensión ligeramente más amplia cerca de la base sugiere una conexión con estructuras subterráneas parecidas a las raíces, que no se han conservado.
Sin embargo, se han encontrado moldes de espacios en los estratos del Devónico temprano que podrían ser los lugares ocupados por estas estructuras en forma de filamentos o hifas.
En 2007, científicos de la Universidad de Chicago demostraron, mediante análisis químicos, que los Prototaxites eran, efectivamente, hongos gigantes. La Tierra que habitaban tenía un aspecto muy diferente al actual. Como ya se mencionó, no había árboles, y las plantas vasculares, antepasadas de las coníferas, los helechos y las plantas con flores actuales, comenzaban a diversificarse.
Estas primeras plantas vasculares no tenían raíces ni hojas todavía, eran solo tallos que no tenían más de un par de metros de altura. Los invertebrados eran entonces los únicos organismos pluricelulares terrestres.
Los Prototaxites no realizaban la fotosíntesis, sino que se alimentaban de sustratos como los restos de otros organismos que se encontraran cerca. Su gran tamaño hacía necesaria una extensa red de micelios subterráneos para obtener suficiente carbono orgánico y acumular la biomasa necesaria. Posiblemente de esa forma el organismo transportaba nutrientes a grandes distancias para sostener su cuerpo sobre el suelo.
La reconstrucción realizada por los científicos de la Universidad de Chicago muestra los Prototaxites como una estructura columnar sin ramas. Algunos micelios o filamentos de Prototaxites invadiendo el tejido de plantas vasculares han sido hallados fosilizados. También hay evidencias de que algunos animales usaban los troncos de los Prototaxites como hábitat, en los que excavaban túneles y laberintos como madriguera.
Es posible que todos estos animales se transfirieran a las plantas y los árboles cuando estos evolucionaron y los Prototaxites se extinguieron. Las causas de la extinción no parecen estar muy claras.
Análisis por científicos del Museo de Historia Natural de Suecia de especímenes recogidos en Alemania, sugieren que la fosilización se inició mientras el organismo estaba vivo, lo que impidió el colapso de las delicadas estructuras celulares.
Este último estudio, publicado a finales de 2022, propone que los Prototaxites no crecían en vertical, sino en horizontal, y que su función principal era posiblemente redistribuir el agua y los nutrientes de zonas ricas a zonas pobres en nutrientes, facilitando la expansión de las primeras comunidades de plantas terrestres.
Los Prototaxites, con su tamaño imponente y su papel único en la historia de la vida en la Tierra, nos muestran la increíble diversidad y adaptabilidad de los organismos que han poblado nuestro planeta.
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