En la vida, como en el oficio de un leñador, la herramienta precisa para afrontar los desafíos es fundamental. La comunión con Dios, la oración y la palabra son como el filo de un hacha, que nos permite superar los obstáculos y vencer los ataques del enemigo.

Una parábola nos ilustra esta verdad: un joven leñador fue contratado por su habilidad para derribar árboles rápidamente. Sin embargo, su producción decayó, y fue despedido por no mantener su hacha afilada. Esta historia nos recuerda que la espiritualidad no es un estado estático, sino un proceso de afilado constante.
El poder del afilado espiritual
La Biblia nos insta a mantener nuestra espiritualidad afilada : «Si se embotare el hierro, y su filo no fuere amolado, hay que añadir entonces más fuerza; pero la sabiduría es provechosa para dirigir». (Eclesiastés 10:10). La sabiduría, que proviene de la palabra de Dios, es la que nos da la fuerza para vencer las dificultades.
La oración y el ayuno son como las piedras de afilar que nos ayudan a mantener nuestra espiritualidad en su punto óptimo. Al buscar la voluntad de Dios y alimentarnos de su palabra, nos preparamos para enfrentar las pruebas y los ataques del maligno.
«Acontecerá que, si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios». (Deuteronomio 28:1-2). La obediencia a Dios y la comunión con él nos traen bendiciones y protección.

El hacha afilada en la batalla espiritual
En cada situación difícil, el Señor está a nuestro lado como un poderoso gigante. Debemos llevar el hacha afilada al combate, utilizando las armas espirituales : «Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos», (Isaías 45:2).
Nuestras armas no son carnales, sino espirituales: «porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas». (2 Corintios 10:4).
La oración: El arma más poderosa
La oración es nuestra arma más poderosa. Al darle a Dios el primer lugar en nuestras vidas, podemos vencer los afanes y los miedos.
«Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal». (Mateo 6:25-34).
«Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». (Mateo 6:33).
“He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?”. (Jeremías 32:27).
Con fe y confianza en Dios, podemos enfrentar cualquier reto, manteniendo nuestra espiritualidad afilada. ¡Que esta semana esté llena de bendiciones para todos!
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