Una mañana me levanté algo filosófico y reflexivo acerca de la vida. Mientras entrenaba bajo un cielo maravilloso, lleno de colores azules que te hipnotizan, a mi mente vinieron dos palabras que me pusieron a pensar: “Naturaleza” y “Arte”.

Reflexionando acerca de la naturaleza, pensaba en su concepto integral que agremia a todo lo que nos rodea en este entorno material sin la intervención humana. Además, pensaba en la importancia de la naturaleza, que le permite al ser humano poder vivir, otorgándole a nuestro universo material las condiciones adecuadas para que la vida se conserve y le de paso a la evolución del hombre. Pero también me cuestionaba, ¿Qué estamos haciendo como sociedad para conservar la naturaleza que nos rodea?; ¿Estamos haciendo lo necesario para mantener nuestra naturaleza?, dentro de mi reflexión pude observar que muchas personas con las que yo comparto el día a día se encuentran comprometidas con la conservación de la naturaleza, pero también visualizaba a otras que son displicentes a esta conservación.
Mientras pensaba en las diferentes actividades que mi comunidad contribuye a la naturaleza y hacia un introspectiva de mi comportamiento frente a esto, otra palabra confrontó mi mente: El arte.
“El arte: Es entendido generalmente como cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética y también comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones y, en general, una visión del entorno, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros, corporales y mixtos (Wikipedia)”
Meditando en este concepto acerca de Arte, concluí que todos los seres humanos de alguna manera producimos arte lo que nos hace artistas. Los artistas de hoy no solo se asocian a las bellas artes como se definía en el siglo XIV, en nuestro siglo los artistas también se asocian a la creación de todo tipo de arte, o sea, la representación de emociones y sentimientos a través de diferentes medios y lenguajes con fines estéticos. El concepto de artista hace referencia especialmente a aquellos del área de las artes visuales.
Volví a cuestionarme en ese momento ¿Qué relación tienen estas dos palabras?, estando en esa disyuntiva, otra palabra vino a mi mente: “Lápiz”.
“Lápiz: Utensilio para escribir, dibujar o pintar que consiste en una barra delgada y larga generalmente de madera, con una mina cilíndrica fina de grafito u otra sustancia mineral en el interior que sobresale por uno de los extremos de esta barra cuando está afilado.”
Me dije; la Naturaleza que es la base de generación de creatividad e inspiración para un artista necesita en algunas ocasiones contar con un utensilio tan importante como lo es el lápiz.
El Lápiz fue creado en el siglo XVII en el año 1975 por el oficial francés del ejército de Napoleón, Nicholas Jacques Conte, recibió una tarea de parte de uno de los ministros de Guerra, Lazare Carnot: crear un lápiz que no dependiera de las importaciones extranjeras. En esos tiempos, lo que se usaba para dibujar y para hacer trazados eran – además de la tinta y las plumas – varillas de grafito puro envueltas en papel o tela; el lápiz es un utensilio o herramienta artística que se usa hasta nuestros días.
El Lápiz está compuesto por una mina que normalmente es el grafito y madera que recubre la mina, para hacer un lápiz se pueden utilizar diferentes tipos maderas, entre las que podemos encontrar los pinos, el enebro o los tilos, entre otras. Pero la madera por excelencia de un lápiz de buena calidad es el cedro, concretamente Calocedrus Decurrens, también conocido como Cedro de Incienso.
Que interesante se volvió ese momento de meditación para mí, lo que más me sorprendió fue el giro que tomé para llegar Al Lápiz, en ese momento me tracé una tarea investigativa que demostrara la importancia del uso del lápiz, la forma que lo estábamos utilizando y la incidencia sobre nuestra naturaleza. En mi tarea investigativa me apoye en la experimentación y como primera etapa me propuse a utilizar un lápiz en mi día a día laboral, para poder percibir que tan funcional es y cuanto podría utilizarlo.
Etapa 1: Experimentación personal
En esta primera etapa experimental medí el tamaño de un lápiz en su estado de nuevo, este tenía una longitud alrededor de los 18,5 cm, e inicié mi aventura utilizando mi utensilio artístico en mis reuniones, en mis apuntes, hasta en mis momentos de ocio porque de vez en cuando mientras hacia un descanso rayaba algunas hojas. Les comento que mi experiencia inicial fue super interesante, me encanto el trazo “cuando la mina se encontraba bien afinada”, su textura, el agarre y hasta el olor de la madera, lo que hace de uso una experiencia maravillosa, pero, a medida que avanzaban los días y el tamaño del lápiz disminuía se complicaba su uso, cuando el lápiz llego a una longitud de 7 cm el uso de sacapuntas eléctricos fue imposible y el usar sacapuntas manual fue todo un reto, pude darle utilidad al lápiz hasta que llego a longitud de 6,5 cm lo que indicó que solo pude usar 12 cm del lápiz lo que corresponde al 65% de él y tuve un desperdicio del 35%.
Etapa 2: Encuesta a compañeros de trabajo
En mi segunda etapa de investigación me coloqué en la tarea de hacer una pequeña encuesta a los compañeros de trabajo que se encuentra cerca de mi entorno laboral, realice 13 encuestas de las que pude obtener la siguientes medidas, el 46% de ellos usan como herramienta de trabajo el lapicero y el 54% usan el lápiz, lo que me resolvió mi primera hipótesis, el lápiz es más usado para los trabajos operativos y administrativos; además, pude identificar que el promedio de uso que las personas le dan al lápiz es del 64% de su tamaño que corresponde a una longitud de 11,84 cm, datos muy cercanos a lo que logré en mi primera etapa investigativa, las razones de porque lo usaban solo hasta esa longitud se sustentaba en la manipulación adecuada, lo que indicaba un desperdicio 36%.
Etapa 3: Exploración del proceso de producción
En mi tercera etapa de investigación realicé un proceso de exploración para entender un poco más acerca de los procesos de producción del lápiz. En la producción de los lápices se debe tomar un árbol de Cedro por lo menos de 14 años antes de ser talado y cortado en bloques de 7,5 pulgadas o 19,05 cm. un árbol de Cedro de incienso medio puede alcanzar una altura máxima promedio de 35 Mtrs y un grosor de diámetro de 100 cm con el que se puede alcanzar a producir alrededor de 17000 lápices; cada año se cortan 1600 Calocedros para fabricar 000 millones de lápices en Estados Unidos. Solo Faber-Castell (marca alemana) fabrica 800 millones de unidades al año, según el blog Timberlines, la mitad de los lápices del entorno se fabrican en China, también se destacan países productores de lápices cómo Brasil, Indonesia, Tailandia e India. Algunas compañías exportan las materias primas como madera, grafito y cola y solo se encargan del proceso de fabricación final de los lápices. No todos los fabricantes cuentan cómo fabrican sus lápices ni cómo tratan a los árboles y al entorno. Hay empresas que talan árboles de crecimiento lento y destruyen bosques viejos, que realizan plantaciones de monocultivos o contaminan las aguas y el aire en el proceso de fabricación. Entre los fabricantes tradicionales, está imponiéndose la tendencia del manejo sostenible de los bosques, acreditados con certificados, y etiquetados como «ecolápices»; también se impone la tendencia a usar otros materiales como los reciclados para evitar la tala de árboles (Los Árboles Invisibles).
Análisis de resultados: ¿Cuánto desperdiciamos?
Que podemos concluir de esta pequeña investigación, si tomamos como punto de referencia a Estados unidos donde se fabrican 000 Millones de lápices por año y lo confrontamos con la etapa de experimentación que realicé, donde concluimos que un lápiz promedio tiene una longitud 18,5 cm, solo se puede de utilizar de forma eficiente el 65% del lápiz lo que equivale a un promedio de 12 cm y se desperdicia el 35% que corresponde a 6,5 cm de longitud; podemos observar, que de un árbol de Cedro que produce alrededor de 17000 lápices se están desperdiciando alrededor de 254 lápices que están relacionados con el 35% del desperdicio por uso, lo que corresponde a 383838 lápices al año lo que equivale a 220 árboles de Cedro.
Lo expresado hasta aquí no ofrece unos datos significativos para darnos cuenta del uso que le damos a los recursos de nuestra naturaleza, para este caso relacionado con la fabricación de los lápices el sembrar un árbol que fue talado para la creación de lápices y esperar 14 años para volver a utilizarlo en lo mismo, es un tiempo bastante largo, esto unido al desperdicio que se le da al uso del lápiz, nos denota que estamos talando árboles y no estamos siendo eficientes en los procesos de diseño, producción y uso que le otorgamos a esta hermosa herramienta artística.
Un llamado a la acción
Este análisis nos demuestra que el uso del lápiz, a pesar de ser un objeto cotidiano, tiene un impacto ambiental significativo. La producción de lápices, con su dependencia de la madera de cedro, requiere la tala de árboles y la espera de muchos años para su regeneración. Además, el desperdicio que se genera al utilizar un lápiz es considerable, lo que significa que estamos desperdiciando recursos naturales valiosos.

Para mitigar este impacto, es necesario que tomemos acción. Podemos empezar por utilizar los lápices de forma más eficiente, buscando alternativas para aprovechar al máximo la mina y reducir el desperdicio. También podemos optar por lápices fabricados con materiales reciclados o provenientes de bosques gestionados de manera sostenible. Finalmente, debemos ser conscientes del impacto ambiental de nuestras elecciones y buscar alternativas más sostenibles para nuestro día a día.
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